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¿Quién es San Juan Bautista para la Iglesia? Precursor, Profeta y Bautista



Breve catequesis: ¿Quién es San Juan Bautista para la Iglesia? Precursor, Profeta y Bautista, en el Catecismo de la Iglesia Católica:

717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).

718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).

719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7;cf. Jn 15, 26; 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1 P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo ... Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios ... He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).

720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

El miércoles 24 de junio de 2020, a las 20:00 h., invitamos a participar en la Santa Misa a San Juan Bautista, Patrón de San Juan de Aznalfarache, y advocación titular de la Parroquia San Juan Bautista de Aznalfarache.

En el siguiente enlace, puede leer más sobre San Juan Bautista:

Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

4 de junio de 2020, celebramos la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Asimismo, ésta contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Celebración de la Eucaristía, a las 20:00 h.

LUNES DE PENTECOSTÉS: María, Madre de la Iglesia


El Lunes de Pentecostés, celebramos la Memoria Obligatoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia.

"La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó San Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar a la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título»."

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Domingo de Pentecostés



31 de mayo de 2020, hoy celebramos el Día del Señor, el Domingo de Pentecostés.

Pentecostés es, junto con Pascua de Resurrección, una de las fiestas más importantes de la Iglesia. En una se nos recuerda la labor redentora de Cristo, el cual, siendo inocente, cargó con nuestra culpa y pecado para que tuviéramos vida, y además en abundancia. En la otra, se celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, cuando se encuentran reunidos en oración en el cenáculo.

Pentecostés (=cincuenta) se celebra a los cincuenta días del Domingo de Resurrección, y tras la festividad de Ascensión. Por lo que respecta al origen de esta fiesta, existen varias tesis. Para unos, se trata de una celebración con la que el Pueblo de Israel agradecía a Dios la abundancia de las cosechas. Para otros, era un símbolo de la Alianza de Dios con su pueblo que culmina con la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés, en el Sinaí.

La liturgia de esta festividad hace una constante referencia al Espíritu Santo y a labor iniciada por los apóstoles, gracias a su acción, en los albores del cristianismo. El libro de los Hechos de los Apóstoles retrata cómo el Espíritu actúa en la vida de los discípulos llevándolos en su labor evangelizadora, hasta los confines de la tierra, entonces conocida.

IV de Pascua, el Buen Pastor


3 de mayo de 2020, celebramos el Día del Señor, Domingo IV de Pascua: El Domingo del Buen Pastor.


Unidad de todos los cristianos bajo el cayado amable y amoroso de Jesús de Nazaret, el Buen Pastor: un gran sueño. Que es posible, porque Jesús estará con nosotros hasta la consumación de los siglos y, además, Él lo quiere así. Hemos de sentirnos cercanos a todos aquellos que mencionan el nombre de Jesús en sus oraciones estén donde estén y vengan de donde vengan. Y que todos unidos nos veamos unidos en la escucha de la Palabra, en la fracción del Pan y recibiendo su Cuerpo y Sangre, como medicina terrena y, también, como salvoconducto para la Vida Eterna.

En la Parroquia de San Juan Bautista celebraremos la Santa Misa a las 12:00h., que será retransmitida en directo desde la página Facebook de la Hermandad de Ntra. Sra. del Carmen de San Juan de Aznalfarache.



San Isidoro de Sevilla, 27 de abril



27 de abril de 2020, lunes de la III Semana de Pascua, en nuestra Archidiócesis, se celebra la Solemnidad trasladada de San Isidoro, Obispo y Doctor de la Iglesia, Patrón principal de Sevilla y su Archidiócesis.

Isidoro provenía de una familia hispanorromana cuyos cuatro hijos han pasado a los altares: Leandro, Fulgencio, Florentina y el benjamín Isidoro, que debió de nacer en Sevilla alrededor del año 560, cuando ya sus padres se habían asentado después del abandono de Cartagena por no poder soportar la dominación de los bizantinos de Justiniano.

Lo educó y apadrinó su hermano Leandro, obispo de la metrópoli hispalense desde el 578. Este buen arzobispo había fundado una escuela donde se impartían las enseñanzas de griego, hebreo y latín, pudiendo pasar después al monasterio los alumnos más aventajados, si se mostraban dispuestos a soportar una vida de mayor rigor ascético.

Este fue el caso de Isidoro. Monje ejemplar por su ascetismo y observante, llegó a ser abad y escribió para sus monjes un código de leyes –regla– que pusieran orden en la vida monacal; cuidó con paciencia y empeño promover la alabanza a Dios, el trabajo manual necesario para la supervivencia y organizando un magnífico estudio donde los pergaminos, códices y libros fueran considerados casi sagrados. Allí se leía y copiaba tanto a los Padres antiguos como a los escritores profanos, y se cuidaba enfáticamente el estudio de la Sagrada Escritura.

Sucedió a su hermano en la sede de Sevilla en el 601. Presidió el concilio de Sevilla del año 619 y el IV de Toledo en el 633, que –entre otras cosas– sirvió para unificar la disciplina litúrgica hispánica, organizar la vida religiosa y cuidar sus instituciones.

Por propio testimonio, se conoce su pensamiento sobre lo que debería ser el obispo para tener solidez de doctrina teológica: entre sus principales deberes menciona el estudio de la Sagrada Escritura y leer las vidas de los santos; para atender a sus fieles, había de ser hombre de intensa oración, ejercitar especialmente la caridad con los necesitados y hacer visita anual a los fieles.

Se ocupó de la formación del clero que le ayudaba en el cuidado pastoral, fundando una escuela catedralicia, propició la vida en común de su presbiterio, dando él mismo ejemplo, y dictó normas para ayudar a cuidar la castidad, como la de procurar que las mujeres que atendieran a los clérigos fueran «personas sin ninguna sospecha».

Isidoro fue uno de los hombres sabios que abarcó todas las ramas del saber.

Esta luminaria de piedad y saber, que fue linterna para poder palpar en muchos siglos tenebrosos, murió muy anciano el 4 de abril del 636. Dante escribirá en la Divina Comedia que en el Paraíso «vio llamear el espíritu ardiente de Isidoro».

Sábado Santo 2020


11 de abril de 2020, seguimos celebrando el Triduo Pascual: Sábado Santo de la Sepultura del Señor.


Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su Resurrección.

La Iglesia se abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solmene Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

La Iglesia acompaña a María en su dolor, que permanece junto al sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección.



Participa de los Santa Misa del Domingo de Resurrección (día 12 de abril, a las 12:00 h.), desde tu hogar, viendo la retransmisión a través de la página en Facebook de la Hermandad del Carmen:

Lunes Santo


6 de abril de 2020, celebramos el Lunes Santo.

A diferencia de otros días de la Semana Santa que cuentan con ceremonias singulares, en Lunes Santo la Iglesia católica continúa la celebración normal de la misa. Durante ésta, el Evangelio que es proclamado refleja el pasaje de la Unción en Betania, en casa de Lázaro, en el que una de las hermanas de éste, María le unge con costosos perfumes. 

Homilía del Papa Francisco ante la epidemia




Homilía del Papa Francisco ante la epidemia, 27 de marzo de 2020.
No te la pierdas. Son palabras sabias y profundas…

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40).

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

Fuente: Vatican.va.




¿Quién es San Juan Bautista para la Iglesia?


Breve catequesis: ¿Quién es San Juan Bautista para la Iglesia? Precursor, Profeta y Bautista, en el Catecismo de la Iglesia Católica:

717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).

718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).

719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7;cf. Jn 15, 26; 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1 P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo ... Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios ... He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).

720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

Este lunes 24 de junio de 2019, invitamos a celebrar a San Juan Bautista, Patrón de San Juan de Aznalfarache, y advocación titular de la Parroquia de San Juan Bautista, en la Santa Misa de 20:00 h. Y a continuación, procesión del Corpus.

En el siguiente enlace, puede leer más sobre San Juan Bautista:
corazones.org

Día de la Iglesia Diocesana 2018


En nuestras eucaristías de este fin de semana, el 10 y 11 de noviembre de 2018, junto a toda la Iglesia en España celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, bajo el lema "Vivimos y celebramos la fe en comunidad, porque somos una gran familia contigo".



Celebramos el Día del Señor, el Domingo XXXII del Tiempo Ordinario: Jesús y los céntimos de la viuda.

El episodio que nos relata San Marcos en este Domingo XXXII del Tiempo Ordinario es de gran belleza y profundidad. Y nos descubre una realidad: los pobres también dan limosna, no sólo esperan la ayuda de los demás. Cuando la anciana viuda del relato de Marcos pone dos céntimos –todo lo que tenía— en el cepillo del Templo de Jerusalén, desea ayudar a alguien que tenga aún menos que ella o que tenga, asimismo, más necesidades… Gran lección.


El sábado 10, comenzamos a las 18:45 h., con el rezo del Santo Rosario, el Ejercicio del Triduo y la petición por los difuntos (que se han indicado previamente a la ceremonia), y a las 19:00 h., tenemos la Santa Misa en el tercer día del Solemne Triduo de Ánimas que realiza la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen. Ocupa la Sagrada Cátedra el Rvdo. P. D. Francisco Daza Valverde, O. Carm., Prior Provincial de los Padres Carmelitas de la Provincia Bética. Tras la Salve, tendrá lugar la imposición de escapularios a los hermanos, devotos y fieles que así lo deseen.


El domingo 11, a las 10:30 h., tenemos la Santa Misa en la Capilla del Rosario, sita en C/ Real Nº. 35.


Y a las 12:00 h., en el Templo parroquial, celebramos la Función Solemne del Triduo de Ánimas, oficiada por nuestro Párroco y Director Espiritual de la Hermandad. A su término, se procederá al traslado solemne de la Venerable Titular a su Altar, donde quedará expuesta el Devoto Besamanos.


Durante estos días, se podrán seguir encendiendo velas al Azulejo de Ánimas, en la parte izquierda frontal de la fachada principal. La Hermandad del Carmen las seguirá ofreciendo en la mesa de recuerdos.

Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 29.09.2018


Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 29.09.2018.

El Santo Padre ha decidido invitar a todos los fieles, de todo el mundo, a rezar cada día el Santo Rosario, durante todo el mes mariano de octubre y a unirse así en comunión y penitencia, como pueblo de Dios, para pedir a la Santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del diablo, que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros.

En los últimos días, antes de su partida a los Países Bálticos, el Santo Padre se reunió con el P. Fréderic Fornos S.I., Director internacional de la Red Mundial de Oración por el Papa, y le pidió que difundiera su llamamiento a todos los fieles del mundo, invitándoles a terminar el rezo del Rosario con la antigua invocación "Sub Tuum Praesidium", y con la oración a San Miguel Arcángel, que protege y ayuda en la lucha contra el mal (ver Apocalipsis 12, 7-12).

La oración –afirmó el Pontífice hace pocos días, el 11 de septiembre, en una homilía en Santa Marta, citando el primer libro de Job-, es el arma contra el Gran acusador que "vaga por el mundo en busca de acusaciones". Sólo la oración puede derrotarlo. Los místicos rusos y los grandes santos de todas las tradiciones aconsejaron, en momentos de turbulencia espiritual, protegerse bajo el manto de la Santa Madre de Dios pronunciando la invocación "Sub Tuum Praesidium".

La invocación "Sub Tuum Praesidium" dice lo siguiente:
“Sub tuum praesidium confugimus Sancta Dei Genitrix. Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo Gloriosa et Benedicta”.
[Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!].

Con esta solicitud de intercesión, el Santo Padre pide a los fieles de todo el mundo que recen para que la Santa Madre de Dios, ponga a la Iglesia bajo su manto protector, para defenderla de los ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo,  siempre más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el presente y en el pasado y comprometida a luchar sin ninguna vacilación para que el mal no prevalezca.

El Santo Padre también ha pedido que el rezo del Santo Rosario durante el mes de octubre concluya con la oración escrita por León XIII:
“Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio; contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen”.
[San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén].

Enlace a la fuente oficial de la información:
press.vatican.va

El Cardenal Segura y el Recinto a los Sagrados Corazones

En San Juan de Aznalfarache se halla el Monumento a los Sagrados Corazones, donde está enterrado el cardenal Segura, que lo ideó e inauguró. Ahora el municipio de San Juan, amparado en la Ley de Memoria Histórica, ha borrado «Calle Cardenal Segura» y cambiado por el de «Paseo de las nueve aceituneras», asesinadas el 24 de octubre de 1936, en plena guerra civil.

Creo que suprimir del callejero del pueblo al cardenal Segura se deba a que el municipio piensa que, a tenor de la Ley de Memoria Histórica, hay que hacer desaparecer todo vestigio del franquismo y personajes adictos al Caudillo. Pero da la casualidad de que el cardenal Segura, aun siendo un purpurado muy polémico, ciertamente no fue franquista. Y el pueblo de San Juan de Aznalfarache le debe estar agradecido, porque el Monumento levantado en su cerro se debe a la voluntad férrea del cardenal.

A raíz de las Misiones celebradas en 1940, el cardenal Segura vio la necesidad de tener en la diócesis una Casa de Ejercicios y también un Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, como ya lo hiciera en Cáceres y proyectara en Toledo.

No había Casa de Ejercicios Espirituales en la diócesis. Se aprovechaba el Seminario de San Telmo para los sacerdotes y casas religiosas para los fieles. Había en Marchena, de iniciativa particular, en Valverde del Camino, diocesana, y en Chipiona, de propiedad particular. Pero la lejanía y otros inconvenientes...

Y se fijó en el Cerro de San Juan de Aznalfarache, al otro lado del Guadalquivir, donde hubo en la época medieval un castillo moro y en el siglo XV se asentó un convento franciscano de Terceros Descalzos, que acabó en ruinas tras la exclaustración del XIX.

Levantada la iglesia y añadida una Casa de Ejercicios sobre el antiguo convento, el complejo fue inaugurado y bendecido por el cardenal Segura en la tarde del 14 de diciembre de 1941 con función eucarística y tedeum.

El Monumento al Sagrado Corazón lo piensa a lo grande. Y estamos en tiempos de penurias, postguerra, 1941… Pero aquel alcor, que se alza como una cornisa que divisa Sevilla, era propiedad del Ministerio del Aire. Y Segura, sin pudor, después de sus desavenencias con el Gobierno de Franco (en una Sabatina de 1940 había identificado la palabra Caudillo con el demonio, citando una frase de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, lo que provocó el furor de Franco, que a punto estuvo de expulsarlo de España), le escribe una carta al general Vigón, ministro del Aire, fechada el 8 de enero de 1942, solicitando ese terreno para erigir el Monumento junto a la Casa de Ejercicios.

El 28 de marzo de 1942, el Boletín Oficial del Estado publicó el decreto de cesión al Arzobispado de Sevilla de una parcela de terreno destinada al emplazamiento del Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de San Juan de Aznalfarache, propiedad del Ministerio del Aire. Segura puede comenzar las obras. El Monumento, diseñado por él, fue realizado por el arquitecto Aurelio Gómez Millán. De forma semicircular es un gran patio porticado con balconada hacia Sevilla, en cuyo centro se levanta la estatua del Sagrado Corazón. En la ladera anterior, en camino serpenteante, discurre un Viacrucis y el monumento al Sagrado Corazón de María. Por ello, a partir de su inauguración, se llamará: Cerro de los Sagrados Corazones.

El domingo 24 de mayo de 1942, Pascua de Pentecostés, tuvo lugar la bendición y colocación de la primera piedra de la capilla votiva del Monumento oficiando de pontifical el cardenal Segura, asistido por el Cabildo metropolitano, con gran asistencia de fieles.

Hay un problema. En los aledaños al Monumento está el cementerio del pueblo de San Juan, contiguo a la Casa Diocesana de Ejercicios y en medio de la barriada que pretende construir el Ministerio del Aire. El cementerio será clausurado el 24 de junio y trasladado a otro lugar, obligado el vecindario a remover los restos de sus mayores por cuenta propia y construcción y embellecimiento de los nuevos panteones.

El eco de las quejas de los vecinos se ha perdido en el espacio infinito del tiempo. No hay constancia gráfica del malestar que suscitó en la población. Porque eran tiempos de ordeno y mando y de una censura imperante. Como tampoco queda constancia escrita de la avidez faraónica del cardenal Segura con esa obra colosalista que pretende llevar adelante.

En noviembre de 1942, en la festividad de Cristo Rey, será la inauguración de la Capilla Votiva, y el 31 de diciembre, solemne bendición e inauguración de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús.

En años sucesivos, hasta su terminación en 1948, Segura no dejará de inaugurar las distintas fases de un Monumento que sigue en persona casi día a día. Es su paseo de tarde. Con su chofer y su secretario, toma su Mercedes y se planta en el Cerro a contemplar cómo discurren las obras de un Monumento construido a la mayor gloria del cardenal Segura. Perdón, de los Sagrados Corazones. Con el tiempo, pícaramente llamarán al Monumento el «Valle de los Caídos del cardenal Segura». En realidad, tal Monumento se convirtió en el gran mausoleo donde yacen junto al cardenal Segura los restos de sus padres y hermanos y costará sudores y lágrimas en aquellos tiempos de penurias tras la guerra.

El Monumento se inauguró solemnemente el domingo 10 de octubre de 1948, con misa en la puerta de la capilla votiva del Monumento y asistencia de Franco y señora, el Gobierno en pleno, autoridades y ejército, los obispos de Badajoz y Canarias, el arzobispo de Methynne, el cabildo catedral y fieles.

Terminada la misa, estaba programada una comida… que no se llegó a tener.

En los días previos, llegó de Madrid el jefe de protocolos del Gobierno para programar con Segura los actos del Monumento. Y se llegó al momento de la comida, en la que Segura era el anfitrión, puesto que se daba en la Casa de Ejercicios del Cerro.

El jefe de protocolos le dice que la mesa será presidida por el Generalísimo y por la señora de Franco, frente a él, y que Su Eminencia se sentará a la derecha del Jefe del Estado.
–Eso no puede ser –contestó Segura–. He jurado al recibir la púrpura los estatutos por los que se rige el Sacro Colegio y los Cardenales no ceden puesto más que al Rey, Reina, Jefe del Estado y Príncipe heredero. La señora del Jefe del Estado, por muy respetable que sea, no ocupa ninguno de estos cargos.
–Pero mire Vuestra Eminencia que hemos traído el protocolo de Madrid…
–Por mí se lo pueden llevar. Yo no tengo más protocolo que las leyes de la Iglesia.
–¡Ay, Señor! ¡En qué conflicto sin salida nos pone! No vemos solución.
–Pues yo veo tres, por lo menos. Primera: que la señora del Jefe del Estado no asista al banquete. Segunda: que no asista yo. Tercera: que el banquete no se celebre.
Y el banquete no se celebró.

No se verán más las caras Franco y Segura. Cuando Franco vuelva a Sevilla en abril de 1953, Segura se hallará en el Cerro dando Ejercicios espirituales. Y el distanciamiento y ruptura será total.
Dicho lo cual, no veo motivo para que el Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache se haya amparado en la Ley de Memoria Histórica para borrar de un plumazo a quien le debe el monumento más colosal del que puede gloriarse el pueblo. Porque Segura será lo que sea, pero no fue franquista. Y un año más tarde, en 1954, cuando lo destituya de su diócesis la Santa Sede, escribirá una carta a Domenico Tardini, prosecretario de Estado, en la que le dice:
–Estoy solo, Franco me ha aislado.


Texto redactado por D. Carlos Ros, sacerdote jubilado y autor del libro “Pedro Segura y Saénz, semblanza de un Cardenal selvático”.

Francisco: El “siempre se hizo así” hizo y continúa haciendo mucho daño a la Iglesia

Francisco: El “siempre se hizo así” hizo y continúa haciendo mucho daño a la Iglesia

Rome Reports, 27-04-2017: El Papa expuso un largo y profundo discurso ante los participantes del II Fórum Internacional de Acción Católica. Habló una hora y en español, sobre su carisma, estilo, proyecto y protagonistas. Dijo que, como en toda la Iglesia, la Acción Católica debe evitar la tentación del quietismo y evangelizar con audacia.

FRANCISCO: "Hay una frase que nunca tienen que usar: 'Siempre se hizo así'. Esa frase, permítanme, es mala palabra. Siempre hay que estar cambiando porque el tiempo cambia, lo que no cambia es lo esencial, lo que no cambia es el anuncio de Jesucristo, la actitud misionera, la oración, la necesidad de rezar, la necesidad de formarse, la necesidad de sacrificarse eso no cambia; hay que buscar el modo, cómo hacerlo, pero no cambia. Pero el 'siempre se hizo así' hizo tanto daño en la Iglesia y continúa a hacer tanto daño a la Iglesia”.

Dijo que es necesario salir con lo puesto y evitar la tentación del querer controlarlo todo o de un perfeccionismo inútil que lo único que hace es frenar la evangelización. Francisco recordó el pasaje del Nuevo Testamento en donde Jesús manda a 72 discípulos a predicar.

FRANCISCO: "Apenas... sí, tenían una experiencia de Jesús, sabían lo esencial del mensaje cristiano, sabían las bienaventuranzas y fueron con lo poco que tenían en ese momento y hasta los demonios se rendían. La fuerza de la predicación, del testimonio con lo que se tiene en el momento y es necesario para ese momento”.

También insistió en lo importante que es la atención a los ancianos y a los jóvenes y volvió a advertir contra el peligro del clericalismo. 

Durante el encuentro se alternaron algunos momentos entrañables, con los niños como protagonistas, y otros más tristes, como cuando Francisco besó el Nuevo Testamento en inglés encontrado en una de las barcazas con refugiados destinadas a Europa.


Noticia de Rome Reports