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Triduo a Ntra. Sra. del Sagrado Corazón 2020


Este miércoles 27, jueves 28 y viernes 29 de mayo de 2020 celebramos, en nuestra Parroquia de San Juan Bautista de Aznalfarache, el Triduo a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, comenzando a las 19:30 h., con el rezo del Santo Rosario y, a las 20:00 h., la Santa Misa, predicado por el Rvdo. Sr. D. Pedro José Rodríguez Molina, Pbro. y Párroco.

Estos cultos están organizados por el Grupo parroquial Luz del Mundo, en nombre de la Hermandad Misionera del Sagrado Corazón, rogando la asistencia de devotos y feligreses.

Oración para finalizar cada eucaristía:
ACORDAOS, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos (pídase la gracia que se desee alcanzar)…
No, no podemos recibir de Vos desaire alguno, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Así sea!
¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros! (tres veces)

Más información:

A continuación, ofrecemos el enlace al vídeo resumen de la Santa Misa celebrada para la bendición de la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, el domingo día 2 de febrero de 1997.

San Isidoro de Sevilla, 27 de abril



27 de abril de 2020, lunes de la III Semana de Pascua, en nuestra Archidiócesis, se celebra la Solemnidad trasladada de San Isidoro, Obispo y Doctor de la Iglesia, Patrón principal de Sevilla y su Archidiócesis.

Isidoro provenía de una familia hispanorromana cuyos cuatro hijos han pasado a los altares: Leandro, Fulgencio, Florentina y el benjamín Isidoro, que debió de nacer en Sevilla alrededor del año 560, cuando ya sus padres se habían asentado después del abandono de Cartagena por no poder soportar la dominación de los bizantinos de Justiniano.

Lo educó y apadrinó su hermano Leandro, obispo de la metrópoli hispalense desde el 578. Este buen arzobispo había fundado una escuela donde se impartían las enseñanzas de griego, hebreo y latín, pudiendo pasar después al monasterio los alumnos más aventajados, si se mostraban dispuestos a soportar una vida de mayor rigor ascético.

Este fue el caso de Isidoro. Monje ejemplar por su ascetismo y observante, llegó a ser abad y escribió para sus monjes un código de leyes –regla– que pusieran orden en la vida monacal; cuidó con paciencia y empeño promover la alabanza a Dios, el trabajo manual necesario para la supervivencia y organizando un magnífico estudio donde los pergaminos, códices y libros fueran considerados casi sagrados. Allí se leía y copiaba tanto a los Padres antiguos como a los escritores profanos, y se cuidaba enfáticamente el estudio de la Sagrada Escritura.

Sucedió a su hermano en la sede de Sevilla en el 601. Presidió el concilio de Sevilla del año 619 y el IV de Toledo en el 633, que –entre otras cosas– sirvió para unificar la disciplina litúrgica hispánica, organizar la vida religiosa y cuidar sus instituciones.

Por propio testimonio, se conoce su pensamiento sobre lo que debería ser el obispo para tener solidez de doctrina teológica: entre sus principales deberes menciona el estudio de la Sagrada Escritura y leer las vidas de los santos; para atender a sus fieles, había de ser hombre de intensa oración, ejercitar especialmente la caridad con los necesitados y hacer visita anual a los fieles.

Se ocupó de la formación del clero que le ayudaba en el cuidado pastoral, fundando una escuela catedralicia, propició la vida en común de su presbiterio, dando él mismo ejemplo, y dictó normas para ayudar a cuidar la castidad, como la de procurar que las mujeres que atendieran a los clérigos fueran «personas sin ninguna sospecha».

Isidoro fue uno de los hombres sabios que abarcó todas las ramas del saber.

Esta luminaria de piedad y saber, que fue linterna para poder palpar en muchos siglos tenebrosos, murió muy anciano el 4 de abril del 636. Dante escribirá en la Divina Comedia que en el Paraíso «vio llamear el espíritu ardiente de Isidoro».

San Leandro, 13 de noviembre


13 de noviembre, la Iglesia celebra y en especial nuestra Archidiócesis de Sevilla, la Fiesta Litúrgica de San Leandro, Obispo.

Nació en Cartagena, hacia el año 540. Pertenecí­a a una familia de santos: sus hermanos Isidoro (que le sucederí­a como Obispo de Sevilla), Fulgencio (Obispo de Écija) y Florentina, le acompañan en el santoral.

Elegido Obispo de Sevilla, creó una escuela, en la que se enseñaba no sólo las ciencias sagradas, sino también todas las artes conocidas en aquel tiempo. Entre los alumnos, se encontraban Hermenegildo y Recaredo, hijos del rey visigodo Leovigildo. Allí­ comenzó el proceso de conversión de Hermenegildo, que lo llevarí­a a abandonar el arrianismo y a abrazar la fe católica. Y también, el enfrentamiento con su padre, que desembocarí­a en una guerra. A consecuencia de esta guerra, a Leandro le tocó ir al destierro.

Cuando mejoró la situación, pudo volver a Sevilla. Hermenegildo habí­a sido ajusticiado por orden de su padre. Pero este, en los últimos años de su vida, influenciado, sin duda, por el testimonio del hijo mártir, aconsejó bien a su otro hijo, Recaredo, que le sucederí­a en el trono. El nuevo rey, aconsejado por Leandro, convocó el Concilio III de Toledo, en el que rechazó la herejí­a arriana y abrazó la fe católica.


A Leandro le debemos no sólo la conversión del rey, sino también el haber contribuido al resurgir de la vida cristiana por todos los rincones de la Pení­nsula: se fundaron monasterios, se establecieron parroquias por pueblos y ciudades, nuevos Concilios de Toledo dieron sabias legislaciones en materias religiosas y civiles... Se ha dicho que Leandro fue un verdadero estadista y un gran santo. Y es verdad. Porque, al mismo tiempo que desarrollaba esa vasta labor como hombre de Estado, nunca olvidaba que, como obispo, su ministerio le exigí­a una profunda vida religiosa y una dedicación pastoral intensa a su pueblo. Predicaba sermones, escribía tratados teológicos, dedicaba largos ratos a la oración, a la penitencia y al ayuno... Murió el Obispo Leandro, en Sevilla, hacia el año 601.

PATRIMONIO: Encuadernación y restauración de Libros Sacramentales



En el proyecto de organización e instalación del Archivo Parroquial, con el que pretendemos la recuperación y puesta en valor del patrimonio documental de esta Parroquia, hemos encuadernado y restaurado tres libros sacramentales correspondientes a la serie de bautismos. 

Estos tres volúmenes abarcan los años 1940-1946, 1946-1952, 1952-1956. Aunque se trata de documentación reciente, el estado de los libros hizo necesaria su intervención, pues aún son objeto de consulta frecuente sobre las inscripciones bautismales.

El proceso de encuadernación y restauración ha estado a cargo de las MM. Carmelitas Descalzas, en su Monasterio de San José de Sanlúcar la Mayor (Sevilla).