7 de abril de 2020, celebramos el Martes
Santo.
Frente a la iniquidad del discípulo
“traidor” y en paralelo, aparece otro discípulo que no tiene nombre. Si el
nombre para un judío expresa la esencia de la persona, el verdadero nombre de
este discípulo ya no puede ser Juan sino “el discípulo que Jesús tanto
quería”. Eso es lo verdaderamente importante que ha ocurrido en su vida.
Desde ahora se llamará “el discípulo amado”. Nos preguntamos, ¿se puede
subsanar una traición? Sí, a base de amor. Y el amor desbordante de este
discípulo va a compensar con creces la ingratitud del “traidor”.

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