19 de abril de 2020, celebramos el Día del Señor, II Domingo de Pascua o de la Misericordia
Si el domingo pasado el principal indicio
de la Resurrección del Señor era la imagen del sepulcro vacío, hoy tenemos otro
signo: a Jesús se le reconoce por las huellas de su pasión. De no ser porque el
Evangelio lo refleja, nadie hubiera pensado en Jesucristo triunfante con signos
de sufrimiento y debilidad. Sin duda, el Señor quiere insistir en que la
Resurrección no ha borrado la Pasión y la Muerte, sino que estas adquieren
ahora su verdadero significado. Las llagas confirman que están viendo de nuevo
al mismo que padeció y murió: no se trata ni de un fantasma ni de una
alucinación colectiva de los apóstoles. En el cuerpo ahora glorioso del Señor
resucitado se muestra que se ha culminado lo que comenzó en la Encarnación y
que el Jesús no se ha ahorrado ningún paso ni ha fingido absolutamente nada.


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